5 mitos del diseño de interiores. ¡Conócelos!

Esa aura de glamour que pueden proyectar los artífices del diseño, muchas veces se viene abajo una vez se descubre en qué exactamente consisten sus trabajos.

Aunque varios programas de televisión, transmitidos por cable,  como Design Star (HGTV) y Extreme Makeover Home Edition (ABC) nos dan una noción de las cualidades y  destrezas de un diseñador y decorador de interiores, también resulta conveniente  descubrir cómo se trabaja, las fluctuaciones de costos y tipos de facturación, y alguna que otra situación a la que te puedes exponer al contratar este servicio.

La idea es que te informes sobre los beneficios del mismo,  los pros y contras de  contratar a un experto en la materia y, sobre todo, que no subestimes la posibilidad de acertar con una cotización que se adapte a tu presupuesto. A fin de cuentas, muy pocas cosas están de más cuando nos urge transformar nuestros espacios como bellas portadas de revistas.

 

MITO 1: PRESUPUESTO ABULTADO

La idea  de que los  precios por  este servicio te vaciarán los bolsillos o solamente van de la mano con los presupuestos más abultados, bien puede ser errónea. Como regla de oro, el costo del trabajo dependerá de la necesidad del espacio.

Otro aspecto a considerar es que se trata  de un trabajo adaptable a las prioridades, presupuesto y gustos del cliente y por eso en la industria se dan diferentes formas de cobro. Una alternativa económica es el servicio de consultoría. Muy recomendado para personas con poca visión pero con mucho tiempo disponible,  este tipo de facturación te brinda una asesoría inicial y te permite continuar con el proyecto por tu cuenta. Puedes coordinar una segunda revisión  con el diseñador y obtener los detalles finales del concepto que deseas crear.

Cuando se trata de una facturación por hora,  el costo debe rondar entre los $65 hasta unos $200, dependiendo del  renombre o las  políticas del profesional seleccionado. Cuando se trabaja por hora usualmente se incluye todo; planos, diseño, ejecución conceptualización, supervisión y  subcontratación.

Otros tipos de facturación se basan en  porcentajes, usualmente entre un 18 y un 20% del costo final del proyecto; cuota fija, la cual se establece en el contrato previamente; o una combinación de los tres tipos de cobros, una alternativa recomendada en obras complejas.

 

MITO 2: DE COMPRAS TODO EL DÍA

Para muchas personas ir de tienda en tienda es un pasatiempo muy bien cotizado,  pero seguramente cuando se trata de varios días en el proceso, buscando buenos precios y calidad, a fin de armar una unidad de diseño, salir de “shopping” pierde todo su atractivo. Precisamente, para evitarte esas horas de cansancio y, además garantizarte un trabajo profesional, pensado en tus gustos y necesidades, está el diseñador de interiores.

Inicialmente, el sistema de trabajo consiste  en visitas y entrevistas, donde se toma la necesidad del cliente y se atempera a la noción del buen diseño. Se hace el “croquis” y se le presenta al cliente y  éste hace cambios o lo aprueba tal cual y se hace el contrato. Luego se  pasa a realizar  el trabajo.

Como diseñador pasas a subcontratar,  contratistas como ebanistas, albañiles, plomeros, electricistas y a comprar muebles. Nosotros podemos supervisar parte de la obra si el cliente desea, y también, considerando la complejidad de la  faena podemos trabajar con un contratista, ingeniero o arquitecto, hacemos el trabajo de diseño interior en coordinación con estos profesionales.

 

MITO 3: EMPEZAR DESDE CERO

Otro de los temores que con regularidad pueden cohibirte de contratar a un diseñador está sujeto a la idea de que invertirás mucho dinero en piezas nuevas o tendrás que, obligatoriamente, deshacerte de esas adoradas sillas que te dejó tu tía abuela como herencia. Afortunadamente,  nada más lejos de la realidad.

Se supone que un buen diseñador se amolde a los gustos del cliente,  a su personalidad y le saque provecho a todas las piezas que le gustan al cliente. Un ejemplo es si tienes un sofá de líneas antiguas forrado en damasco y lo que quieres es actualizarlo, a lo mejor lo que le quitas es el tapizado por algo más moderno o pintas la madera. Por su parte,  te podrás encontrar con algunos profesionales que sólo se sienten cómodos comprándolo todo nuevo.

 

MITO 4: ACEPTARLO AUNQUE NO QUIERAS

 

Acudir a los servicios de un diseñador te permite expresar tus gustos  y conocer  la opinión profesional,  todo a fin de  crear y mantener un balance. El diseñador es como tu consejero, no se deben asustar ni intimidarse, estamos  ahí para ayudar,  nos encargamos de darle un toque armonioso y de  crear un ambiente agradable que propicie la interacción familiar, crear áreas que se utilicen.

Este trabajo se asemeja  al de un  diseñador de moda o un estilista, cada uno tiene su forma de trabajar o de llevar su profesión. Lo ideal es que no te  desalientes y trates con una segunda o  tercera opinión.

Para conocer mejor al diseñador,  primero llama por teléfono y entrevista a la persona por unos cinco minutos.  Eso sí, considera que aun es muy temprano para cuestionar sus precios.

Otra manera de asegurarte de contratar  al diseñador perfecto para tu proyecto, es pidiendo referencias, muestras de trabajos por correo electrónico o llamando al Colegio de Diseñadores  para saber si la persona está al día con sus permisos o si tiene algún  problema de caso de ética. Una vez identifiques que se trata de la persona adecuada y coordinen la primera visita, ten presente preguntarle previamente si este primer encuentro será facturado y cuál es su tarifa.

 

MITO 5: CUALQUIERA PUEDE EJERCER

 

Para ejercer esta profesión se necesitan unos estudios con grado universitario,  permisos y decenas de horas en educación continua.

Esta licencia  es expedida por el Departamento de Estado -entidad que otorga el número de licencia-  pero  para obtenerlo el profesional debe llevar evidencia de que pagó su cuota de educación, unos $150 anuales.

 

Fuente: PrimeraHora

 

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